El Pasaje Matheu

Escondido entre la calle Espoz y Mina y la de la Victoria, a un paso de la Puerta del Sol, existe un calle breve, minúscula y peatonal, que conecta las dos anteriores. Se trata del Pasaje Matheu, antiguamente también llamado de la Villa de Madrid, que fue una especie de precursor de lo que hoy sería un centro comercial.
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El pasadizo debe su nombre, que todavía hoy conserva, a Manuel Matheu, un promotor de suelo urbano que lo erigió en los terrenos expropiados al Convento de la Victoria con la desamortización de Mendizábal de 1836, el cual los ocupaba desde su construcción en 1561, año en que se celebró misa en su iglesia por primera vez.  Integrado por una galería de tiendas de dos plantas, el pasaje fue uno de los más suntuoso de Europa y el orgullo de la Villa y Corte, ya que en nada podía envidiar a sus homólogos de París y Londres. 


El Pasaje Matheu en 1877

Construido entre 1843 y 1847, cubría la galería central, hoy suelo peatonal al descubierto, una bóveda de cristal sostenida por una armadura de hierro y madera. Las entradas, ricamente decoradas, tenían forma abovedada y se apoyaban sobre imponentes estatutas representando el Comercio y la Elegancia, obra de Francisco Pérez. Como curiosidad, en la década de 1870 se abrieron en el pasaje dos cafés de propietarios franceses, el París y el Francia, que fueron los primeros en implantar la costumbre de establecer terrazas al aire libre. 
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Actualmente, el Pasaje Matheu es un callejón despojado de toda su elegancia arquitectónica del pasado, no obstante sigue siendo un sitio curioso al que acudir, especialmente si se conoce su historia. En los bajos de los edificios que antiguamente albergaron las tiendas de este pasadizo comercial, existen numerosos restaurantes en los que degustar alguna tapa típica de la ciudad de Madrid.
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Vista del pasaje en la actualidad



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