La tremenda Doris Lessing

Probablemente, Doris Lessing sea toda una anécdota en sí misma. Tremenda mujer, de carácter fuerte y enemiga de convenciones y algaradas, la Nóbel de Literatura 2007 expuso sin ambages el secreto del éxito literario en dos palabras muy breves, como casi todas en la lengua anglosajona: "hard work". Trabajar duro, esa es la receta. Según Lessing, muchos piensan que un teclado es suficiente para escribir. Pero la clave de sus logros estuvo en arrojar muchas hojas escritas en el interior de una papelera. Que tomen nota aquellos que sólo creen en el talento innato.
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Extravagante como ella sola, el vídeo que recoge el momento en el que los periodistas, que la esperan montando guardia en la puerta de su casa, le comunican, asombrados de su ignorancia, que le ha sido concedido el Premio Nóbel de Literatura, no tiene desperdicio. Después de bajar de un taxi acompañada por su hijo, quien sujeta una alcachofa en una mano y un ramillete de cebollas en la otra, la galardonada simplemente exclama "Oh, Christ" antes de volverse tranquilamente para abonarle el servicio al taxista. "¿Qué significa para usted que la hayan distinguido con este premio, ahora que ya no escribe más libros?" - pregunta uno de los reporteros. "I've won all the prizes in Europe" - contesta Lessing - "Every bloody one" (He ganado cada maldito premio de Europa) ¿Indiferencia o la tradicional flema británica?
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La anécdota que quería contar, sin embargo, tiene más que ver con la subjetividad del criterio, en este caso, el editorial y es un buen aliciente para que los escritores noveles mantengan la fe en sí mismos. Ocurrió que Lessing, siendo escritora consagrada y habiendo publicado ya el Cuaderno Dorado, considerada su novela más emblemática, decidió jugársela a los editores. A tal fin, les remitió un libro inédito bajo el pseudónimo de Jane Somers. La obra fue rechazada por varias editoriales, y el suceso abrió un debate sobre los criterios de las mismas a la hora de decidir qué libros sacar al mercado. Como colofón, decir que uno de los editores en Francia sí que accedió a publicarla, aunque a regañadientes porque en su opinión, mostraba cierta influencia de Doris Lessing. Una anécdota genial sobre el misterioso entresijo de las decisiones editoriales y una prueba más de que el rechazo de los editores no siempre es síntoma de falta de talento.
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Interesante:.
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Doris Lessing recibe la noticia del Premio Nóbel por boca de los periodistas
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